La historia pudo comenzar en cualquier día de mi vida siendo
alumno de secundaria, pero inició después de algunos años, cuando estudiaba el
cuarto semestre de preparatoria, cuando tenía dudas de mi futuro como
estudiante y como ser humano eficiente para una sociedad regularizada. Dudas,
eso era lo único seguro, sobre estudios, relaciones afectivas, uso de tiempos,
desuso de momentos, pero lo único que no se dudaba era ver y analizar fútbol,
devorarlo.
La idea de dirigir al Atlético Alemán surgió junto a uno de
mis mejores amigos, hace tiempo, y se refirmó una mañana, después de llegar del
gimnasio, con la firme idea de saber a quiénes entrenar: alumnos de nuestro
viejo instituto secundario. No había más, habría que empezar y aprovechar el
verano del cálido y mundialista 2014.
Fueron quizá 50 niños entre 12 y 14 años, equipos de cinco
por partido, y una análisis preciso de cada jugador para ver qué era lo mejor
que había. Quedaron alrededor de 30, y todos y cada uno se notaban altamente
comprometidos… Pero como era de esperarse, no fue así. Poco a poco fueron
dejando al equipo, hasta ser la mitad o menos de la misma, teniendo un verano
de esfuerzo, sudor, fútbol, aprendizaje y diversión; todo lo que es el fútbol
en la adolescencia.
Fortalecer las reacciones físicas y mentales dentro de una
cancha de fútbol, fortalecer los aspectos más vulnerables, explotar lo mejor de
ellos mismos, lograr que extrañaran ir a entrenar a la canchita junto a sus
compañeros, sus amigos.
Partidos amistosos con triunfos de 14-1, 13-3, derrotas de
7-3, todo estuvo presente durante ese verano, pero sobre todo el buen juicio de
fútbol y las ganas de aprender de todos y cada uno de los jóvenes que
entrenaban por un sueño.
Una vez iniciado el año escolar, se optaron por observar a
los nuevos ingresados y unirlos al plantel, creando así el equipo Junior, un
conjunto de jugadores que servirían para que el proyecto no terminará con los
graduados en 2015 y no poder volver a jugar más.
Cuando inició el torneo, hubo tropiezos, derrotas, empates y
una aparente falta de entendimiento de conceptos del fútbol, pero pasando los
partidos se fueron mejorando, se fueron reafirmando y creando un fútbol gustoso
para mí y para los que lo desarrollaban dentro de la cancha.
Fue un torneo donde el fútbol se imponía partido tras
partido, ambos equipos dominaban un fútbol posicional, comprendían la
permutación, regulación, marcaje por zona y diversos factores de juego. Pero,
durante el torneo de liguilla, el fútbol demostró su crueldad para con los que
lo aman.
Cuartos de final, Junior perdía 2-0 contra Adicción, tercer
equipo en la clasificatoria general, logró empatar a dos y en penales el sueño
terminó. Las lágrimas estaban por toda la cancha, salidas de los ojos de 9
niños que sólo deseaban una copa en sus haberes.
Mientras tanto, Atlético Alemán le pasaba por encima al Múnich, con un 3-0.
La semifinal era frente al único equipo que había logrado
derrotarnos durante la temporada regular, un 0-1 en la jornada dos, la revancha
estaba aquí y era por primera vez benevolente el fútbol con nosotros, pero la
tragedia griega comenzó muy temprano.
Un gol por un error en la salida y la impotencia surgía como
surgen las llamas de una leña que arde desesperadamente recibiendo oxigeno de
lo más vacío del lugar. Un segundo gol o autogol, sigo sin saber qué fue, nos
terminó.
Poco fútbol y muchos huevos, eso puedo decir que es mi
análisis final.
Pero lo peor llegó después, el momento donde hay que entrar
a la cancha y hacer que todos levanten la cara pese a que sientan que las
lágrimas sobre sus mejillas pesan toneladas, y que el fracaso que traen
acuestas ya les costaba asimilarlo. Puede hablar con ellos, hacer un rondo,
como esos que hacíamos cuando entrenábamos, pero sin pelota, y hablar, hacerles
saber que el fútbol es tan lindo y que por eso duele tanto, haciéndoles saber
que son gloriosos porque la gloria misma son ellos, y teniendo yo que aguantar
llorar para no mostrar la debilidad que un líder no debe tener.
Ni un peso, sin lucro, ni un reclamo para con ellos o para
conmigo, ni una maldad y ni una deshonestidad, pero con amigos y enseñanzas
nuevas que usaré el resto de mi vida, sea cual sea que vaya a ser.
Quisiera agradecer a todos, al profesor Edgar por darnos la
oportunidad, a los muchachos que no quedaron en el equipo, y por supuesto a
Luis, Yurem, Jair, Chagoya, Julio, Patiño, Oscar, Rodolfo, Emilio, Pablo,
Rodolfo, Condelle, Ricardo, Abraham, Ari, Manuel, Diego y sobre todo a David
Torres.
Las cosas no se terminan hasta que se olvidan, y esto jamás
se terminará, jamás lo olvidaré. Lo mejor de mi vida.




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